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Mitos y verdades de la guerra de Milei contra “La Casta”

por Sebastián Dumont
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Sorprende un referente político del conurbano bonaerense horas después de caer el tratamiento de la ley ómnibus en la Cámara de Diputados: “La legitimidad que tiene Javier Milei es increíble, cómo justifican todo. Deben creer que en uno o dos meses las cosas se solucionen. La aceptación que aún conserva me sorprende”. La constatación de la caída del consumo en el mes de enero si se la compara con lo sucedido hace un año atrás es muy fuerte. En los barrios más humildes se siente con mucha notoriedad, pero no es simétrica la contracción – según datos de CAME – con el incremento del mal humor. De allí la sorpresa que anida en el dirigente mencionado como en tantos otros que tienen muchos años de peronismo. La construcción de un relato ya no es propiedad del kirchnerismo. El presidente Javier Milei utiliza para gobernar el mismo método que le dio éxito en la campaña. Sólo que hay un detalle: se trata de cuestiones muy diferentes. 

Esa estrategia es la que asoma ahora con más fuerza para interpretar que siempre, detrás de la presentación de la extensa propuesta legislativa, recortada a la mitad en su camino, el objetivo era exponer cómo “la casta” no iba a dejar gobernar a un presidente que no estuvo nunca acostumbrado en su vida a tener que negociar nada. Cada vez hay menos dudas de que ese era su objetivo final. “Nunca tuvo siquiera que discutir el lugar dónde ponía la ropa en el placar”, metaforiza alguien que lo conoce mucho desde antes de su incursión en la política. 

A principios del gobierno de Javier Milei publicamos una nota cuyo título fue “la peligrosa aceleración en la que ha ingresado la política argentina”. Pues nada de lo que está pasando podría sorprender. Ya en aquel momento se dijo: “El último mensaje del Jefe de Estado, a pocas horas del inicio del nuevo año, marcó el mismo tono con el que viene hablando. Hay una clara estrategia de ubicar a la “casta política” como la responsable de frenar los cambios profundos que vino a hacer el gobierno nuevo. Y que, de no tener acompañamiento legislativo, se estará ante la posibilidad de una crisis de “proporciones bíblicas”. Recurre una vez más Javier Milei a emparentar su misión como algo más allá de lo terrenal. Inspirado en las “fuerzas del cielo” a las que se invoca permanentemente. El tema es que los problemas son aquí y ahora. Y sus soluciones no pueden encomendarse a lo espiritual». 

Pues bien, según aquellas palabras del Jefe de Estado habrá que prepararse para la crisis de dimensiones bíblicas. En qué se traduce aquella premonición que ahora se materializa ante el no acompañamiento, enorme signo de interrogación. Al menos por ahora. Aunque el gobierno dio una pista horas después con el Presidente en Israel. Difundió un video donde en una entrevista el entonces candidato decía que en caso de no contar con apoyo en el Congreso iba a convocar a un plebiscito y luego exponer a los que se oponen. ¿Lo hará? La opción está sobre la mesa. 

Jugar a fondo puede ser vertiginoso, pero al mismo tiempo, peligroso. La profundización de la grieta acerca este proceso al mismo que intentó Cristina Kirchner cuando en 2011 ganó con el 54% de los votos y gritó “vamos por todo”. Pequeño gran detalle: aquel triunfo de Cristina fue en primera vuelta y estuvo acompañada de una gran cantidad de legisladores. Ahora es distinto, el Congreso se armó el 22 de octubre y Milei tuvo el 56% en un balotaje. Está obligado a construir mayorías legislativas. Tirar del mantel está mas cerca de ser un capricho que otra cosa. Pero cuidado que, muchas veces en politica, lo que parece ser producto de una gran elucubración maquiavélica es sólo síntoma de torpeza. 

En un intento de justificar el accionar del Jefe de Estado suele decirse que se está ante una nueva manera de gobernar, distinta al ser disruptivo en la manera de llevar a adelante la administración pública. Es decir, lo mismo que consagró su éxito electoral ahora tiene su correlato con la máxima responsabilidad. Como en todos los órdenes de la vida, en algún momento la palabra le deja paso a la realidad. Empezó a vislumbrarse alguno de los frenos que impone la vida real. 

Como todo relato hay elementos muy visibles que lo ponen en duda. Si la puja es contra “la casta delincuente” según palabras del Jefe de Estado desde Israel, es poco entendible la razón de su permanencia en ámbitos tan sensibles como el manejo de oficinas de PAMI, ANSES, y hasta la propia Aerolíneas Argentinas. Incluso en empresas que se desean privatizar como Ferrocarriles Argentinos donde hemos contado las idas y vueltas para que sigan funcionarios ligados a la administración anterior pero que pasaron ahora por el tamiz del super poderoso Jefe de Gabinete Nicolás Posse. No es suficiente para explicar estas decisiones decir que aquellos no importa de donde vengan sino a dónde quieren ir. En la lógica de Milei ya se sabe a dónde querrán ir. 

En el fondo, lo que se juega es una batalla cultural sobre sí Argentina está dispuesta a salir de este actual rumbo que nadie puede desconocer en su decadencia. Sobre eso apela la diatriba del Jefe de Estado para justificar la pelea que está dando. O, que al menos muestra estar ofreciendo. Es en ese punto donde capta las mayores adhesiones que describimos en el inicio de esta nota. Se vuelve al punto de la aceleración permanente en la que se vive actualmente. Las cosas, así como las percepciones, pueden cambiar de un momento a otro. 

En una muestra más de la “realpolitik”, es lógica la mirada de Miguel Pichetto cuando plantea que, de esta manera, será difícil para Javier Milei gobernar cuatro años. ¿Se irá antes si no logra ese objetivo? El argumento está servido sobre la mesa: una casta que no quiere cambiar nada y se opone a todo. Falta sumar a este grupo al poder judicial en cuanto tome alguna determinación más de fondo sobre, por ejemplo, el vigente DNU que se planteó como primera opción de gobierno en diciembre. 

Mientras tanto, allí afuera, a la intemperie, la pelea es por la subsistencia diaria. Para comer y para vivir, ante los aumentos generalizados y el incremento de la violencia delincuencial. Una vez más la Provincia de Buenos Aires aparece como la madre de todas las batallas para ambas situaciones. Por un lado, la puja por la comida en los comedores que debe enviar el Ministerio de Capital Humano quien, con buen criterio, desafía el negocio de la intermediación. ¿También lo hará con el negocio de la compra de esos alimentos a verdaderos carteles del negocio de la comida? Como en tantos huecos del Estado, la casta y sus interminables lazos también llegan a esas latitudes. Pasan los gobiernos, los ministros, y las empresas proveedoras siguen siendo las mismas. Filas largas para pedir comida que son provistas por empresarios que suelen pasearse en autos muy lujosos por Miami. Tan sólo por mencionar un caso. Allí está el verdadero negocio de la pobreza y no sólo en la intermediación que podrían llevar adelante los Belliboni o Pérsico de la vida política Argentina. 

El gobernador de la provincia de Buenos Aires hace números. Crece la idea que el presupuesto, la norma fiscal y el endeudamiento que le aprobaron a fin de año podría quedar corto. En cualquier momento, Kicillof empieza a extrañar al Massa ministro de Economía, quien evalúa los próximo pasos a seguir en su vida política que no piensa abandonar. 

Como en toda crisis, surgen oportunidades. Como la que relata un empresario que se dedica a alquiler galpones y su demanda no para. ¿Por qué? Porque ha crecido el negocio del guardado de muebles de aquellas personas que deben dejar de alquilar y achicar porque no pueden seguir pagando. Caras de una realidad que golpea y a la que “la casta” se resiste a modificar. Para muchos de ellos, es fácil, festejan desde la tranquilidad del “doble discurso”. 

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Periodista politico. Conductor de El Embudo y en Canal 26 de lunes a viernes de 20 a 22hs.

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